India

Relatos de viaje: Hyderabad, nuestra entrada a India

Nuestro primer encuentro con India fue un aeropuerto de noche, un señor de información turística al que no le entendíamos nada su inglés, un McDonald’s sin carne lleno de opciones vegetarianas y picantes, un par de bebidas que se nos cayeron al piso e hicieron que la gente nos mirara feo, una larga espera de un bus que supuestamente nos llevaría a un hotel, un edificio lleno de gente durmiendo en el piso y un segundo piso donde se señalaba “dormitory”.

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En el McDonald’s del aeropuerto

Así, con nuestras mochilas al hombro y con cara de cansancio, intentando adivinar la hora en India que no calzaba con nuestros celulares, estábamos los dos de pie frente a un letrero que leía “Airport Dormitory”, sin saber qué era ni qué hacer. Pues entramos. Y nos encontramos con la maravilla de dormitorios económicos compartidos para los pasajeros y, claro, con un señor al que no le entendíamos mucho su inglés.

Primero entendimos que India corresponde al huso horario GTM 5:30 (cosa que no sabíamos que existía), por lo que teníamos 8,5 horas de diferencia con Chile. Sí, siempre pensamos en la diferencia horaria respecto a Chile. Luego entendimos que podíamos tener dos camas en el dormitorio por 6 horas (no 8, solo 6) en una habitación con aire acondicionado por unos 10 USD, así que pagamos, pusimos el despertador y nos fuimos a dormir.

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Dormitorios compartidos del aeropuerto de Hyderabad

Fue una muy buena primera noche, considerando que antes de llegar a India esperábamos dormir en habitaciones con cucarachas y ratones en el piso. Al menos eso es lo que la gente habla y te meten miedo. Pero aquí las sábanas eran blancas (durante el viaje desarrollamos un nuevo concepto, las “sábanas blancas”, con lo que nos referimos a un lugar donde las sábanas estaban limpias, sin bedbugs ni suciedades de procedencia desconocida) y las camas cómodas. Aunque sigue siendo anecdótico dormir en un aeropuerto, con tus bolsos bajo la cama, compartiendo habitación con gente que entra y sale a todas horas, con el señor roncando por aquí y una pareja haciéndose cariñitos por allá.

Pasaron las 6 horas…

…y despertamos en India 🙂 (léase con emoción, mucha emoción!)

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Nuestro primer desayuno en India

Apenas nos levantamos salimos en búsqueda de un bus para llegar a la ciudad. Habíamos escuchado de los buses del aeropuerto, pero por lo que nos dijeron, la única diferencia de estos versus los buses públicos era que estos últimos no tenían aire acondicionado y que, claro está, los otros costaban el doble. Así que partimos a subirnos a un bus público. Para qué pagar de más.

El viaje de casi dos horas entre el aeropuerto y la ciudad nos entregó una primera visión de lo que sería Hyderabad: Mucha tierra, mucha gente, mucho tráfico y mucho ruido. Al principio creíamos que las masas de gente en las orillas de la calle, la falta de veredas pavimentadas y los animales dando vueltas entre la gente era parte de las afueras de Hyderabad. Pero poco a poco nos fuimos adentrando a la ciudad…y nada cambió. Templos pequeños, llenos de flores y colores por un lado de la calle. Mototaxis, autos, buses y camiones con sus incesantes bocinas ocupando toda la calle. Tierra, basura y vacas dando vuelta entre medio.

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Vacas entre la basura en Hyderabad

Nos bajamos del bus en medio de una gran avenida. Lo bueno? Quedamos muy cerca del hostal. Lo malo? El hostal quedaba al otro lado de 8 pistas con un tráfico imparable y ningún tipo de cruce a la vista. Entonces nos hicimos de locales y, aún con nuetras mochilas al hombro, cruzamos “a la mala” la primera calle, nos escalamos el bandejón central y nuevamente “a la mala” la segunda calle. Llegamos vivos y no nos tocaron la bocina. Todo un logro!

Desde ahí ya todo fluyó más fácil.

Llegamos al hostel, nos atendieron muy amablemente, comimos rico, como buenos turistas le sacamos fotos a las vacas que caminan apaciblemente por las calles y sacan comida de la basura, caminamos y descansamos. Intentamos hacer algo de “turismo”, pero nos encontramos con que Hyderabad no tiene mucho que ofrecer. Solo un par de edificaciones dignas de visitar estaban muy lejos del hostel y, después de ver cómo NO avanzaban los autos por las calles, desistimos de ir para no atrasarnos al tomar nuestro bus.

Pero sí recorrimos un poco los alrededores. Y el panorama es más o menos el mismo: Calles llenas a más no poder de todo tipo de vehículos, bocinas y ruidos de motores incesantes durante todo el día y polvo, polvo y más polvo en el aire. Es primera vez que sentí que quería una mascarilla!

Como historia a parte: El año pasado, cuando fuimos a Beijing, en China, nos tocaron unos días con niveles de contaminación asquerosos. Estaba tan gris el cielo que se podía mirar el sol a pleno día sin ninguna protección. Aunque me sentí mal los primeros días, con dolor de cabeza y náuseas, nunca entendí que la gente usara mascarillas…si al final es el mismo aire que respiran!

Bueno ahora, estando en India, por primera vez, lo comprendí. Aquí hay tanta tierra, basura y polvo suspendido en el aire, que realmente se siente cómo se mete a los ojos y la boca. Al final del día mascábamos arena!

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Tráfico de Hyderabad

Entre toda esta locura, pasando por callejones pequeños donde vendían principalmente ropa y zapatos, llenos a más no poder de gente comprando y comprando (como me dijo Gino: “Que tanta ropa usarán estas chicas que compran saris y más saris?”), motos pasando entre medio de la gente, una moto que casi me atropella y me manchó el pantalón con la rueda, llegamos al templo hinduista que habíamos visto en el mapa. Entramos, nos sacamos los zapatos, dimos la vuelta de rigor alrededor de imágenes y flores, y salimos. Además de un señor que se me puso a hablar y me pasó la uña por el brazo (wakala) para regalarme una flor, todo el resto de la gente amable, simpática y solo nos miraba con curiosidad.

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Entrada al templo Sri Ujjaini Mahankali Devadthanam

Para terminar nuestro paseo turístico fuimos al lago de Hyderabad. Ya acercándonos nos dio risa. En el mapa se ve como un lago azulito, con parques y paseos peatonales alrededor. De azulito no tiene nada, está lleno de basura y con casas flotantes por aquí y por allá. Los parques resultaron ser conjuntos de pasto y árboles, con basura por doquier, rodeando al parque. Y el paseo peatonal? Pues nada. Cerrado. Solo nos pudimos acercar al lago pasando por una reja a medio caerse que abre paso a una especie de mirador. Lo que sí nos llamó la atención es que muchas familias llegaban al lugar en sus autos como para admirar el lago. Se quedaban unos minutos ahi y luego partían. Será lo poco de agua que tienen cerca!

Y bueno, eso fue Hyderabad.

Poco que hacer, pero mucho que ingerir para nosotros, que es lo primero que hemos visto de este país.

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Familia musulmana en el lago Hussein Sagar

Ya tomamos nuestro bus para partir a Aurangabad.


Los posts llamados Relatos de viaje son como un diario para nosotros, nuestra familia, amigos y todo quien le interese leer nuestras historias. Son experiencias y aventuras, nuestras opiniones e impresiones personales.

Si lo que quieres es tener información útil para viajar a Hyderabad, te invitamos a leer los siguientes posts:

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